Öcalan: “La relación entre la ecología y el sistema es insostenible”

Abdullah Öcalan: “Estamos siendo testigos del comienzo de una reacción en cadena que amenaza con una gran ruptura final. Nadie tiene ni idea de cómo detenerla”.

Publicamos “El problema ecológico de la sociedad”, un extracto de la obra de Abdullah Öcalan Sociología de libertad: Manifiesto de la Civilización Democrática, volumen III.

De forma clara, el problema del industrialismo es tanto parte del problema ecológico como su fuente esencial. Por este motivo, corremos el riesgo de repetirlo al evaluarlo desde un punto de vista distinto. Pero el problema ecológico tiene más sentido que el problema del industrialismo, porque es una cuestión social y compleja. Aunque el concepto abarca la ciencia ambiental, en esencia es un análisis científico sobre la estrecha relación existente entre el desarrollo social y su medio ambiente. Básicamente, se convirtió en un tema de interés cuando los problemas ambientales dieron la alarma de un desastre inminente. Como resultado surgió una rama de investigación, no por ello carente de implicaciones indeseables. Y es que, igual que ocurre con el industrialismo, los problemas ecológicos no fueron creados por la sociedad sino que son la última hazaña de los monopolios de la civilización –un problema global a lo largo de la historia y que ahora está situado de forma prioritaria en la agenda del mundo– y la sociedad.

Tal vez ningún otro problema ha sido tan grave o tan importante para revelar la verdadera cara de los sistemas de lucro y capital (redes organizadas) y ponerlos en la agenda de la humanidad como el problema ecológico. El balance del sistema civilizatorio del beneficio y el capital (la suma de todos los monopolios militares, económicos, comerciales y religiosos a lo largo de la historia) no es sólo la desintegración de la sociedad en todos los aspectos (inmoralidad, falta de política, desempleo, inflación, prostitución, etc.), sino también la amenaza de gran alcance a la que se enfrentan todas las formas de vida y el medio ambiente. ¿Qué podría demostrar de manera más evidente que el monopolio va en contra de la sociedad?

Aunque la inteligencia y la flexibilidad de la sociedad humana hacen que se la reconozca como de la más alta naturaleza en comparación con todos los demás seres vivos, también es una entidad viva. Es de esta tierra, el producto de un entorno climático regulado con mucha precisión y de la evolución de la flora y la fauna. La atmósfera y el clima de nuestro mundo y el mundo vegetal y animal son también esenciales para la sociedad humana, dado que constituye la suma total de todos. Estos mundos son altamente sensibles y están estrechamente conectados.

Son en esencia una cadena, y así como una cadena deja de funcionar cuando se rompe uno de sus eslabones, cuando se rompe un eslabón importante de la cadena evolutiva, toda la evolución se ve inevitablemente afectada. La ecología es la ciencia de estos desarrollos, y eso es lo que la hace importante. Los humanos siempre pueden volver a regular el orden interno de la sociedad, porque la realidad social es una creación humana, pero no ocurre lo mismo con el medio ambiente. Si se rompen importantes vínculos ambientales como resultado de las acciones de algunos grupos organizados en torno al monopolio del beneficio y el capital que operan por encima de la sociedad de la que surgieron, una reacción en cadena de desastres evolutivos podrían exponer el medio ambiente y la sociedad a una destrucción masiva.

Recordemos que los vínculos ambientales son el resultado de millones de años de evolución. La destrucción general de los últimos cinco mil años, y de los últimos doscientos en particular, ha acabado con miles de vínculos evolutivos en un tiempo récord.

Estamos siendo testigos del comienzo de una reacción en cadena que amenaza con una gran ruptura final. Nadie tiene ni idea de cómo detenerla. La contaminación atmosférica creada por el dióxido de carbono y otros gases tardará cientos, incluso miles de años en eliminarse. Probablemente aún no somos plenamente conscientes de la devastación que esto ha causado en el mundo vegetal y animal.

Sin embargo, está claro que, como la atmósfera, ambos mundos están emitiendo constantemente señales de socorro. La contaminación de los mares y ríos, así como la desertificación, se encuentran al borde del desastre. Pese a ello, todo sugiere que el fin del mundo no llegará como resultado de una alteración del equilibrio natural, sino a manos de algunos grupos en redes organizadas. Por supuesto, la naturaleza responderá de forma inevitable, porque está viva y tiene una inteligencia propia además de unos límites. Resistirá mientras el tiempo y el lugar sean los correctos, pero después no nos mostrará ninguna piedad. Todos seremos responsables de haber traicionado las habilidades y los valores que se nos han otorgado. ¿No es así como se verá el fin del mundo?

No pretendo añadir nada nuevo a los escenarios apocalípticos ya existentes; pero, de acuerdo a nuestras capacidades, cada uno de nosotros debe hacer y decir lo que sea necesario como miembros responsables de la sociedad. Esta es nuestra responsabilidad y nuestro deber moral y político, la verdadera razón de nuestra existencia.

A lo largo de la historia de la humanidad se ha hablado mucho del destino de Nemrod o de los faraones, que se retiraron a sus castillos y pirámides por razones obvias. Cada uno de ellos, ya sea como individuos o como orden, formaban un monopolio que reclamaba la divinidad. Fueron, de hecho, el ejemplo más sublime de los monopolios del capital persiguiendo el beneficio en la Antigüedad. ¡Oh!, ¡cómo se parecen a los monopolios que se han retirado a los centros comerciales de las ciudades! Hay, por supuesto, diferencias entre ellos, pero su esencia sigue siendo la misma. A pesar de su magnificencia, los castillos y pirámides no pueden competir con los centros comerciales actuales, y menos aún en número. Tanto los de Nemrod como los de los faraones no suman más de unos pocos cientos. Los contemporáneos, en cambio, ya está en los cientos de miles. Ya en la Antigüedad, la humanidad fue incapaz de soportar el peso de unos pocos Nemrod y faraones y se quejó amargamente.

¿Cuánto tiempo más podrá soportar los cientos de miles de ellos que nos han infligido esta gran devastación ambiental y la desintegración de la sociedad? ¿Cómo aliviará el dolor y la agonía de la guerra, el desempleo, el hambre y la pobreza que han causado?

A la luz del desarrollo evolutivo hay que destacar estos hechos, ya que aclaran lo que queremos decir cuando hablamos de la sociedad histórica como una totalidad. ¿Son estos hechos de alguna manera triviales e insignificantes? La ciencia de la modernidad capitalista, con su estructura positivista, estaba bastante segura de sí misma. Asumió que los hechos lo eran todo. Consideraba que la verdad absoluta consistía un conocimiento superficial de los hechos. Estaba segura de que habíamos entrado en la era del desarrollo infinito.

¿Cómo debemos interpretar su incapacidad para ver el desastre ambiental que tenían ante sus narices? ¿Cómo hemos de entender el hecho de que no fuera capaz de abordar y remediar los desastres sociales de los últimos cuatrocientos años, que superan en suma todos los desastres históricos anteriores, incluyendo, en particular, la guerra? Dejemos de lado la prevención de la guerra, que es el poder que se ha infiltrado en todos los rincones de la sociedad.

¿Cómo explicamos el hecho de que la ciencia no haya podido evaluar correctamente este caso? Es evidente que la ciencia, especialmente durante la época en que los monopolios dominantes estaban en la cima de su hegemonía, no respondió como se esperaba a estas preguntas porque estuvo bajo el más intenso asedio ideológico y se conformó estructuralmente de la manera que mejor sirvió al sistema. La ciencia, cuya estructura, objetivo y forma se anuncian y organizan para legitimar el sistema, ha demostrado ser aún menos eficaz que la religión. Sin embargo, también está claro que si la ciencia no es ideológica no puede existir. Es esencial que reconozcamos que el conocimiento y la ciencia son la ideología de una cierta sociedad y de una cierta clase y que, en este sentido, determinemos nuestras posiciones en consecuencia.

Si la ecología, como una de las ciencias más recientes, se posiciona correctamente dentro de este marco, puede proporcionar la capacidad ideal para resolver no sólo el problema ambiental sino también los de naturaleza social.