Carta desde el terreno: ¿qué está ocurriendo en Kurdistán?

Un grupo de internacionalistas que se encuentra en Rojava (Kurdistán sirio) abordaron la actualidad de la región en un texto titulado “Carta desde el terreno: ¿qué está ocurriendo en Kurdistán?".

Un grupo de internacionalistas que se encuentra en Rojava (Kurdistán sirio) abordaron la actualidad de la región en un texto titulado “Carta desde el terreno: ¿qué está ocurriendo en Kurdistán?, en el cual se hace un profundo análisis histórico y se explica la realidad del día de hoy.

A continuación publicamos el texto completo:

Carta desde el terreno: ¿qué está ocurriendo en Kurdistán?

A la querida lectora, a las jóvenes, a las mujeres, al pueblo obrero en resistencia internacional ante un sistema genocida, ecocida y sociocida. A todas ellas nos dirigimos desde el corazón de la resistencia, desde este bello lugar llamado Kurdistán.

El pueblo kurdo sigue en pie, altivo y con toda la fuerza de una comunidad en resistencia ante los constantes ataques del Estado fascista turco, ante la colaboración y el silencio de la comunidad internacional. Intentaremos, en estas líneas, expresar la realidad de un pueblo intencionadamente dividido entre cuatro Estados-nación. Remarcamos este hecho porque pese a las fronteras, el pueblo kurdo late al unísono conectado por la lucha de una vida libre, desde las montañas en el Kurdistán del Sur (Bashur), las continúa lucha de las mujeres en Rojhilat (Kurdistán iraní), los sabotajes y acciones revolucionarias en Bakur (sudeste turco) hasta las llanuras de Rojava, bajo los bombardeos de los aviones y drones turcos, el embargo, la ocupación y el aislamiento.

Ciertamente, pasado el verano, una nueva fase de ataques y resistencias han marcado la agenda de las cordilleras Zagros y Tauros, la histórica alta Mesopotamia. Por otro lado, la excepción no es más que la continuación de la normalidad.

No se puede entender la lucha por la libertad del pueblo kurdo sin el impacto histórico del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) en el alzamiento por recuperar la memoria, identidad, dignidad y, al fin y al cabo, una vida digna. Desde su fundación, el Estado turco ha temido un pueblo fuerte, ha hecho todo lo posible para acabar con un movimiento que ha superado, una vez y otra, los ataques del enemigo. Esta vez no es una excepción.

Probablemente, sabrán de la acción revolucionaria realizada el 1 de octubre, en el mismísimo centro de las políticas de exterminio del Estado turco, en el edificio del Ministerio de Interior de Ankara, el día en que se abría el curso político. Aun así, si lo han seguido por la prensa internacional, como tiende pasar, se han perdido el contexto, pues no les interesa mencionar que es una respuesta a los ataques con armas químicas en las montañas libres de Kurdistán, y al embargo en Rojava, y a las torturas y el aislamiento en las prisiones turcas. Tampoco les explicarán la colaboración y complicidad de la las instituciones internacionales, la Unión Europea (UE) y Estados Unidos frente al aislamiento de Abdullah Öcalan, líder del movimiento y de esta revolución. ¿Cómo podrían justificar su inacción y silencio ante la violación repetida de los derechos humanos del Estado fascista turco?

Vayamos paso a paso: el 1 de octubre, las Fuerzas de Defensa del Pueblo (HPG – Hezen Parastina Gel) realizaron una acción de autosacrificio en Ankara, capital turca. La reivindicación de las HPG de la acción mostró al mundo la clara respuesta del movimiento ante los ataques y políticas fascistas del Estado turco. Para contextualizar, después de unas elecciones claramente manipuladas, y, por lo tanto, la continuación de la dictadura de Erdogan (disfrazada con un traje democrático), los ataques a los diferentes frentes del movimiento de liberación kurdo se han intensificado.

El líder del movimiento kurdo, Abdullah Öcalan, lleva más de 30 meses incomunicado en la isla-prisión de Imrali (Turquía). La operación de ocupación de la zona de Bashur continua con sus prácticas ilegales e inhumanas, con bombas termováricas, armas químicas y bombardeos constantes a la guerrilla. El PDK (Partido Democrático de Kurdistán, colaboracionista  del Estado turco en el sur de Kurdistán) ha empezado una guerra fraticida bajo la tutela y dirección de Turquía. En la guerra en el norte y el este de Siria, el Estado turco utiliza todo tipo de métodos para acabar con la revolución, pero hablaremos de ello ahora.

El gobierno de Erdogan no ha tardado a responder a esta acción histórica, llevando a cabo el mayor ataque contra el movimiento kurdo desde 2019. En Bakur, al menos 250 personas de la sociedad civil, militantes, políticos, han sido secuestrados en las comisarias en una clara campaña de exterminio político y miedo hacia la población kurda. En Rojava, los drones y aviones turcos han bombardeado día y noche las llanuras de Rojava dejando hospitales, escuelas y barrios enteros sin electricidad.

Aquí donde nos encontramos, el pueblo ha desarrollado una inmensa capacidad de resiliencia ante los constantes ataques turcos. No les vamos a mentir: resistir ante el ataque de la OTAN no es tarea fácil. En los últimos días, en el cielo de Rojava vuelan, con el apoyo de Estados Unidos, los drones y aviones turcos. Turquía ha aprovechado la situación para realizar el mayor ataque contra el pueblo, en su política de desgaste ha bombardeado la infraestructura eléctrica, petróleo, presas, atacando a la unidad antidroga de las Asayis (fuerzas internas de protección), los campos de refugiados y fábricas. Un total de 44 vidas nos han sido arrebatadas: niños, trabajadores, nuestros vecinos. En un solo ataque, 29 compañeros de las Asayis cayeron mártires y 28 más están heridos de gravedad.

Como decíamos antes, la excepción es la normalidad, es la guerra diaria ante los asesinatos con drones a actores clave de la revolución, de los feminicidios a co-representantes y comandantes, el castigo a las madres por no aceptar este sistema patriarcal capitalista. Pero aun así, el pueblo sigue alzado.

Permítanos para finalizar hablarles del 9 de octubre.

El mes de octubre es especialmente significativo para el pueblo kurdo: el 9 de octubre de 1998 empezó el complot internacional contra el líder Abdullah Öcalan. La presión de Turquía y Estados Unidos a Siria para expulsarlo de su territorio o afrontar una guerra, conllevaron la decisión de Öcalan de tomar rumbo hacia Europa, en busca de una solución política para la cuestión del pueblo Kurdo. Desde su partida, diferentes países (Grecia, Rusia e Italia) le negaron el derecho al asilo político, en una clara persecución por su liderazgo en el levantamiento del pueblo kurdo, ante las políticas de negación y asimilación de Turquía.

Solo Sudáfrica abrió las puertas a Abdullah Öcalan. En su viaje hacia el sur, los servicios secretos de la OTAN (Gran Bretaña, Estados Unidos, Turquía), conjuntamente con el Mossad israelí, lo secuestraron en Nairobi el 15 de febrero de 1999 (Kenia) en un acto de traición a la democracia y al pueblo kurdo. A través del complot internacional, Abdullah Öcalan se encuentra en total aislamiento en la isla-prisión de Imrali (Turquía), y hace más de 30 meses que el Estado turco no ha permitido ninguna visita (ni siquiera de los abogados y familia).

El objetivo del complot era acabar con la resistencia del PKK y el pueblo kurdo, pero la resistencia de Abdullah Öcalan ha traspasado los muros, inspirado la revolución en Rojava y el norte y el este de Siria. En este sentido, manifestaciones masivas han llenado las calles por la libertad de Rêber (guía del pueblo) y se le ha sumado a las consignas el repudio y la respuesta popular a los ataques.

La destrucción no podrá parar a un pueblo libre, a una comunidad fuerte, a unos corazones socialistas en la construcción de la nación democrática de los pueblos, de la convivencia religiosa y étnica, no podrá parar la revolución de las mujeres. Aunque llueva fuego, y la noche sea oscura, el pueblo kurdo en pie ilumina el camino de la resistencia y amasa con valor una vida libre.

Como dicen por acá, Berxwedan Jiyan e, Resistencia es vida.

Jin, Jiyan, Azadî

FUENTE: Kurdistán América Latina